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Memoria Desproporcionada

Es extremadamente curioso cómo funciona nuestra memoria y lo desproporcionado que puede llegar a ser su caótico funcionamiento. En ocasiones, la vida, nos obligada a borrar sucesos y personas de nuestra mente para no sufrir al tener contacto con cosas relacionadas. Pasamos meses aislando y eliminando todo tipo de estímulo capaz de evocar recuerdos dolorosos en nuestra mente, recuerdos que apenas necesitan motivos o excusas para salir a flote a la superficie consciente. Aparecen sin razón alguna cuando menos lo esperamos y sin que seamos capaces de controlarlos o evitarlos.

Recuerdos Pasados

Con el tiempo y gracias a la creación de nuevos recuerdos y ocupaciones para nuestro neuronal centro de control, dichos recuerdos parecen desaparecer, nos hacen pensar que han sido borrados correctamente con el paso del tiempo. Pero no amigo, la memoria humana es una herramienta tan maravillosa y poderosa como sorprendente, cuya capacidad puede hacer que recordemos el más mínimo detalle de algo que nos llamó la atención consciente o inconscientemente. No, el cerebro no borra nada, construye una base de datos en su red neuronal y guarda todo tipo de información y experiencias, para de esta forma, poder tomar mejores decisiones en un futuro.

Y he ahí su desproporción, olvidar un recuerdo es un proceso laborioso, largo y complicado. Pueden pasar meses e incluso años para que ese doloroso recuerdo no vuelva a aparecer más frente a nuestros ojos, en cambio, bastan solo milésimas de segundos para que el estímulo más inesperado arrase con una ola de recuerdos, como si de un tsunami de vivencias pasadas se tratara, con todo el duro trabajo realizado para relegarlos al olvido.

Isla de Recuerdos

Es como si nuestra parte consciente fuera una pequeña población ubicada en una isla rodeada por un inmenso mar, compuesto de todos nuestros recuerdos, experiencias y pensamientos que nos hacen ser quien somos. Vivimos en nuestra pequeña isla y damos la espalda a ese mar de recuerdos, y si esto no funciona, construimos diques en forma de nuevos recuerdos que bloqueen a los antiguos.

Pero todos sabemos cómo es el agua, que aprovecha el más mínimo hueco para calar hasta lo más profundo, y al igual que con nuestra memoria, es imposible poner barreras al mar, se trata de una lucha perdida en la que un esfuerzo de meses puede verse desmoronado en apenas unos instantes.

Mar de recuerdos y experiencias

Por este motivo, no nos queda más opción que vivir en nuestro pequeño pueblo de la consciencia, rodeados de ese inmenso mar de experiencias y aceptar que cada cierto tiempo, una ola en forma de recuerdo pasado puede llegar, o lo que es peor, una tormenta de experiencias pasadas puede amenazar la seguridad y estabilidad de tu pequeño pueblo y su realidad.

En esta situación es inútil nadar contracorriente, debemos aceptar la existencia de estas olas y tormentas y aprender de ellas, para que de esta manera, cuando lleguen a nuestras vidas, en lugar de arrasar con nuestra realidad consciente, tan solo sean una parte más de los improvistos que componen este periodo de tiempo que llamamos vida, y a su vez, seamos capaces de apreciar aquellas pequeñas olas de buenos recuerdos y experiencias que día a día chocan contra la playa de nuestra realidad.

Fotos cortesía de Fatnes.

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